mis ojos maltratados se refugian en la nada
y se cansan de ver un montón de caras y ni una mirada.
una nueva noche fría en el barrio,
los tranzas se llenan los bolsillos.
las calles son nuestras, aunque el tiempo diga lo contrario.
y los sueños no soñados,
ya se amargan la garganta y se callan.
y eso, casi siempre o siempre, les encanta.
van quedando pocas sonrisas,
prisioneros de esta cárcel de tiza.